Salud del suelo: cinco consejos para un suelo sano
Sus raíces llegan, en algunos casos, a varios metros de profundidad en el suelo para absorber nutrientes. Por eso, los manzanos, las magnolias, los rosales, los tulipanes y demás necesitan un buen sustrato. El término técnico para ello es: salud del suelo. Da igual si se trata de un colorido jardín rural, un huerto puro o un parterre de rosas maravillosamente perfumadas. Y lo mejor es que la salud del suelo de tu propio jardín no solo se puede mejorar con medios sencillos, sino también de forma económica.
Estos cinco consejos te ayudarán a cuidar el suelo y a que las plantas crezcan mejor:
1) Siembra trébol o altramuces, ya que son auténticas bombas de vitaminas para el suelo:
A través de sus raíces, enriquecen el suelo con nitrógeno, lo que beneficia a todas las plantas de los alrededores. Además, los altramuces tienen raíces profundas que airean las capas inferiores del suelo, y el trébol es una magnífica fuente de alimento para muchas especies autóctonas de abejas silvestres, abejorros y escarabajos.
2) Aplica mantillo al suelo sin proteger, por ejemplo, alrededor de los árboles frutales o los arbustos ornamentales:
Esto evita que se seque. Lo más adecuado es utilizar material orgánico, como hojas, paja o restos de poda triturados, que se pueden mezclar entre sí. El mantillo mantiene el suelo fresco durante más tiempo cuando hace calor y, posteriormente, libera su calor lentamente. Esto alarga el periodo vegetativo.
3) Apuesta por la diversidad:
Cuanto más variada sea la mezcla de plantas, mejor será para la salud del suelo y de las plantas. Si diferentes plantas crecen juntas de forma armoniosa, pueden beneficiarse unas de otras al repeler juntas las plagas, prevenir enfermedades, dar sombra y aprovechar al máximo los nutrientes. Se trata de una protección fitosanitaria sin productos químicos, de la que también se benefician todas las demás plantas del entorno. Además, de este modo se crea una amplia oferta de alimento para innumerables insectos, lagartijas, erizos y aves.
4) Recoge los residuos de cocina y del jardín para hacer compost:
Aunque lleva un poco de tiempo —por lo general, entre nueve y doce meses—, el compost es un abono perfecto y rico en nutrientes. Dependiendo de su textura y del uso que se le vaya a dar, conviene tamizarlo antes de esparcirlo.
5) Riega con agua de lluvia
La mayoría de las plantas autóctonas soportan bien los largos y calurosos días de verano, siempre que no sean demasiado seguidos. Por lo demás, riégalas con regularidad para evitar que se sequen. El agua de lluvia es gratuita, ahorra recursos y, gracias a su composición mineral, es ideal para el crecimiento natural y el desarrollo de las plantas en el jardín.
La salud del suelo es un proyecto a largo plazo, pero por eso mismo es aún más importante. No todas las medidas surten efecto ya en la siguiente cosecha o floración. Sin embargo, el cuidado del suelo sienta las bases para el futuro, tanto si se quiere cosechar tomates o fresas, como cultivar rosas perfumadas o disfrutar de manzanas crujientes directamente del árbol. Para quienes quieran saber más: en las tiendas especializadas hay kits prácticos y medidores especiales con los que se puede determinar, por ejemplo, el valor del pH o la humedad del suelo. Esto facilita la selección de posibles plantas o da pistas sobre lo que le vendría bien al suelo a largo plazo. Porque en el jardín se aplica lo que, según se dice, dijo Goethe: «Las cosas buenas llevan su tiempo».